Todo se remonta a una discusión a comienzos los sesenta. Enzo Ferrari había fundado en 1947 la casa con la que empezó a fabricar lujosos automóviles deportivos en el norte de Italia. Rápidamente la empresa creció y se convirtió en una de las marcas más renombradas del sector, ya que los autos de Ferrari ganaron varias carreras y campeonatos de F1 en la década de los cincuenta. En los 60 la marca ya era un auténtico éxito.
Ferrucio Lamborghini, mientras tanto, era un empresario que había hecho fortuna en esos años construyendo maquinaria agrícola, sobre todo tractores. Ferrucio se convirtió en un excéntrico coleccionista de automóviles de marcas como Maserati, Mercedes, Alfa Romeo y también Ferrari. Fue entonces cuando surgió la rivalidad.
Es probable que la batalla entre Lamborghini y Ferrari comenzara simplemente por el descontento de un cliente. Según la leyenda más extendida, un día a inicios de los 60, Ferrucio llamó a Enzo para expresarle que estaba descontento con el embrague de su 250 GT y, dado que sabía de mecánica, pensaba recomendar algunos retoques técnicos que podrían servir para mejorar los Ferrari.
“Los Ferrari sólo me traían problemas, así que cansado de enviarlos al taller llamé a Enzo para decirle que sus coches eran una basura. Su repuesta fue que un fabricante de tractores no entendía nada de sus deportivos”, dijo Ferrucio en la versión más extendida sobre la épica conversación entre esos gigantes del motor. De ser cierto aquel mítico diálogo, el fundador de Lamborghini no se tomó nada bien el desdén con el que le contestó el de Ferrari, quien le veía como un inferior dentro del mundo de la mecánica por ser simplemente un constructor de tractores y no un fabricante de sueños en forma de deportivos.
Lo que no sabía era que pocos años después, en 1963, el creador de tractores decidió fundar un nuevo negocio de autos deportivos que se convertirían en el mayor competidor de Ferrari. Fue entonces cuando nació Lamborghini, dando comienzo a la gran rivalidad del automóvil italiano.

